Capilaridad, condensación y filtración: las señales que las separan y el error de diagnóstico que más dinero cuesta.
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Guías y prevención
El punto de partida: entender qué tienes delante antes de comprar producto o llamar a nadie.
Los cuatro tipos, en una pantalla
Capilaridad: sube desde el suelo, borde horizontal, salitre blanco, plantas bajas y sótanos. Condensación: esquinas y techos fríos, moho negro, empeora en invierno, mejora ventilando. Filtración: mancha con centro, ligada a la lluvia o a una tubería, puede aparecer a cualquier altura. Accidental: una rotura concreta, aparición súbita y localizada.
Acertar el tipo es el 80 % del ahorro: cada uno tiene un tratamiento distinto y todos los errores caros del nicho consisten en aplicar el tratamiento de un tipo a otro —el clásico es pagar una inyección de capilaridad para una condensación de dormitorio.
Si no lo tienes claro, el diagnóstico te lleva por las preguntas que lo discriminan en un minuto.
Guías generales
Antes de comprar producto o llamar a nadie, mira dónde empieza la mancha. Ese dato descarta ya dos de los tres tipos posibles.
No hay un método único: primero se identifica el tipo, después se ataca el origen y solo al final se repara el acabado.
Entre 40 % y 60 % de humedad relativa es lo normal en una vivienda. Cómo saber si la tuya es alta y qué hacer.
En camino: humedad en paredes interiores, aislamiento por dentro sin crear condensación y mantenimiento estacional de la vivienda.