Los tres sistemas que existen (barrera química, mortero transpirable y drenaje), cuánto duran, qué cuestan y cuál encaja en cada muro.
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Humedad por capilaridad
Es la humedad que sube desde el terreno por dentro del muro. Se reconoce fácil, se confunde poco… y es la única de los cuatro tipos que casi nunca se arregla sin obra.
Cómo se reconoce
La capilaridad tiene una firma inconfundible: la mancha arranca en el suelo y sube, con un borde superior más o menos horizontal que marca hasta dónde llega el agua. Suele venir acompañada de salitre —ese polvillo blanco que revienta la pintura y desmorona el yeso— porque el agua del terreno trae sales disueltas que cristalizan al evaporarse.
Aparece en plantas bajas, sótanos y viviendas antiguas sin barrera impermeable en la cimentación. Si la mancha empieza a media pared, o está en el techo, o solo sale en invierno detrás de los muebles, no es capilaridad: mira condensación o filtración.
Lo importante: pintar encima no sirve. Ni la pintura antihumedad, ni el plástico, ni el enfoscado normal. El agua sigue subiendo y lo que hagas encima se despega en meses. Lo que sí funciona es cortar el ascenso (barrera química) o dejar que el muro respire y evapore de forma controlada (mortero transpirable).
Guías de humedad por capilaridad
En camino: qué es exactamente la capilaridad y por qué ocurre, cómo tratarla en paredes interiores, qué mortero transpirable elegir y cómo distinguirla de una filtración desde el terreno.