Ventilar la casa en invierno sin enfriarla: cuándo y cuánto
Ventilar en invierno es la medida más eficaz contra la condensación y la que más gente evita, porque parece contradictoria: hace frío fuera, está húmedo fuera, y aun así abrir seca la casa. Merece la pena entender por qué, porque de ahí sale la forma correcta de hacerlo.
¿Por qué ventilar con frío seca la casa en vez de humedecerla?
Porque lo que importa no es la humedad relativa que marca el parte meteorológico, sino cuánta agua lleva realmente cada metro cúbico de aire. El aire frío puede sostener mucho menos vapor que el caliente. Así que un aire exterior a pocos grados y con humedad relativa alta contiene, en términos absolutos, bastante menos agua que el aire caliente de tu salón.
Cuando ese aire entra y se calienta, su humedad relativa cae en picado y queda con capacidad de sobra para absorber vapor de la vivienda. Ese es el mecanismo: no sacas humedad soplándola hacia fuera, la cambias por un aire con hueco para cargarla.
De ahí se deduce lo demás. Cuanto más frío hace fuera, más rinde cada minuto de ventilación y menos tiempo hace falta. En pleno invierno bastan unos pocos minutos. En un día templado y lluvioso de otoño el intercambio es mucho menos favorable, y conviene apoyarte en el extractor y en el deshumidificador.
Ventilación cruzada, y por qué la ventana entreabierta es el peor método
Dejar una hoja en posición oscilobatiente o entreabierta durante horas es el hábito más extendido y el que peor funciona, por dos motivos a la vez. El primero es que renueva el aire muy despacio: sin una segunda apertura enfrentada, no hay corriente y el intercambio se limita al borde de la ventana.
El segundo es el que de verdad hace daño. Durante todas esas horas, el marco y la franja de pared alrededor del hueco se van enfriando hasta quedar por debajo de la temperatura del resto de la habitación. Con eso se crea justo la superficie fría que después condensa. Pierdes calor y fabricas un punto de condensación nuevo.
Lo que funciona es lo contrario: abrir de par en par dos puntos opuestos de la vivienda a la vez durante un rato corto, por ejemplo una ventana y otra en la fachada contraria, o ventana y puerta de galería. El aire se sustituye entero en pocos minutos. Los muros tienen mucha inercia térmica y no llegan a enfriarse: recalientan el aire nuevo en cuanto cierras. Es la diferencia entre cambiar el aire y enfriar la casa.
Los cuatro momentos que sí importan
No hace falta ventilar todo el día, hace falta hacerlo cuando acabas de fabricar vapor:
Al levantarse. Es el momento de mayor carga: una persona dormida emite vapor durante horas en una estancia cerrada. Conviene hacerlo antes de encender la calefacción, para no calentar aire que vas a tirar.
Después de la ducha. Es la punta de vapor más grande del día y la más concentrada. La regla es mantener el baño cerrado mientras el vapor sale por su ventana o su extractor, para que no se reparta por el pasillo y acabe condensando en el dormitorio.
Al cocinar. Hervir, hacer puré o tener una olla destapada suelta mucha más agua de la que parece. Extractor encendido desde el principio y unos minutos después, y tapar las ollas, que es gratis.
Al tender dentro. Una colada entera se evapora íntegramente dentro de la vivienda. Si no hay más remedio que tenderla en casa, que sea en la estancia mejor ventilada y con la puerta cerrada al resto.
Ventilar y calentar no se pelean, se ordenan
La objeción razonable es el gasto de calefacción, y la respuesta está en el orden. Lo que cuesta dinero es calentar la masa de la vivienda (muros, suelos, muebles), no el aire, que tiene muy poca capacidad térmica. Una ventilación corta y enérgica saca el aire sin llegar a enfriar esa masa, así que la temperatura se recupera enseguida.
Lo caro, en cambio, es lo que hace mucha gente para ahorrar: apagar la calefacción durante el día y encenderla a tope por la noche. Ese vaivén deja los muros fríos justo cuando se genera más vapor, que es el patrón que produce las manchas. Una temperatura estable y moderada condensa menos que una alta a ratos.
Hay un detalle que sorprende: un aire menos húmedo se percibe como más cálido a la misma temperatura. Así que ventilar bien también hace que la casa se sienta mejor sin subir el termostato.
Si la vivienda es estanca, la ventilación ya no ocurre sola
Las viviendas con carpintería antigua se ventilaban a sí mismas por las rendijas, sin que nadie lo decidiera. Al cambiar las ventanas por otras estancas, esa renovación involuntaria desaparece y la condensación aparece de golpe en casas que nunca la habían tenido. No es un defecto de las ventanas nuevas: es que una función que antes era automática pasa a ser manual.
Las viviendas construidas con la normativa actual llevan un sistema de ventilación previsto en el proyecto, con rejillas de admisión y extracción o ventilación mecánica. Lo primero que debes comprobar en ellas no es cuánto abres la ventana, sino que esas rejillas no estén tapadas ni el extractor desconectado. Es lo que pasa la mitad de las veces.
Cuándo ventilar no va a bastar
La ventilación resuelve la parte de la ecuación que depende del vapor. No resuelve la otra: la superficie fría. Si tienes un puente térmico claro (un pilar, un dintel, una caja de persiana, una esquina de fachada sin aislar), ese punto seguirá siendo el más frío de la habitación por bien que ventiles. Ahí acabará apareciendo la mancha.
La señal de que has llegado a ese límite es sencilla: ventilas correctamente, el resto de la casa está bien. Y la humedad sigue saliendo siempre en el mismo sitio. Es el momento de mirar por qué condensa esa pared concreta, y no de ventilar más.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos minutos hay que ventilar en invierno?
Poco tiempo y bien hecho: con dos aperturas enfrentadas de par en par, el aire de una vivienda se renueva en unos pocos minutos, y cuanto más frío haga fuera, menos tiempo hace falta porque el intercambio es más eficaz. Lo que no funciona es la ventana entreabierta durante horas, que renueva poco y enfría los muros.
¿No entra más humedad de la que sale si fuera está lloviendo?
Casi nunca, aunque el parte marque humedad relativa alta. Lo que cuenta es el agua absoluta que lleva el aire, y el aire frío lleva mucha menos que el aire caliente de dentro; al entrar y calentarse le queda capacidad de sobra para absorber vapor. En días templados y muy húmedos el balance sí es mucho menos favorable, y ahí conviene apoyarse en el extractor y en el deshumidificador.
¿Ventilo también las habitaciones que no uso?
Sí, y suelen ser las peores. Una habitación cerrada y sin calefactar tiene las paredes más frías que el resto de la vivienda, y el vapor del resto de la casa se cuela por debajo de la puerta y condensa allí. Es un patrón muy común en habitaciones de invitados y trasteros interiores.
¿Es mejor un deshumidificador que abrir la ventana?
Son cosas distintas y se complementan. La ventilación cambia el aire y es gratis, pero depende de que el aire exterior esté más seco en términos absolutos; el deshumidificador funciona con la casa cerrada y rinde bien en días templados y húmedos, cuando ventilar aporta poco. Ninguno de los dos corrige un punto frío: si hay un puente térmico, la mancha seguirá apareciendo en el mismo sitio.
Fuentes
Lo que se explica aquí se apoya en estas fuentes oficiales. Si consultas una y no coincide con lo que lees, manda la fuente: se corrige el artículo.
- Código Técnico de la Edificación. DB-HS, Salubridad
- IDAE. Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía